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Los obispos ante la tragedia del país

Una vez más la Conferencia Episcopal Venezolana, llenando el vacío de la dirigencia política sumida en estériles confrontaciones y en incomprensible silencio, ha hecho pública su exhortación No temas, estoy contigo, del 11 de julio de 2018, en la cual no solo retrata, con crudeza, la tragedia del país, sino que propone caminos que deberían impulsar acciones de cambio, renovación y aliento que contrarresten la desesperanza y la  resignación de un pueblo que, solo en apariencia, dejó a un lado la bravura del himno que repetimos, en forma mecánica, sin caer en cuenta del significado de sus palabras.

Son temas para la reflexión a los que apunta el documento: la “hiperinflación monstruosa”, que nos acogota y agobia en los mercados y farmacias; el contrasentido de preguntar en la taquilla del banco por la cantidad “que nos puedan dar”, ante la carencia de efectivo; o la economía fallida que pretende ser resuelta con bolsas de comida y bonos de múltiples denominaciones “patrióticas y revolucionarias”.

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El aumento salarial como ilusión

El 1 de mayo estuvo cargado de malas noticias para los venezolanos. Maduro decretó un aumento del salario mínimo a 1.000.000 de bolívares así como el incremento del cestaticket “socialista” a 1.555.500 bolívares mensuales. De esta manera se eleva el salario mínimo integral a 2.555.500 bolívares, lo que significa un aumento nominal pero no real, pues no mejora el poder adquisitivo del salario.

Con una hiperinflación como la que sufre Venezuela, los incrementos salariales se derriten como el hielo, porque los precios aumentan día tras día -y hasta el mismo día- sin que el gobierno tenga capacidad de respuesta ante esta situación. Estamos frente a una ficción que ya no engaña a la clase trabajadora. El nuevo sueldo no alcanza para dos pollos y un cartón de huevos al mes. Toda una burla.

Por si fuera poco, los precios de los productos, bienes y servicios deben marcarse en bolívares actuales y en “bolívares soberanos” para crear la ilusión (¡o engaño!) de que se está controlando la hiperinflación. Una reconversión monetaria que no fue precedida de un plan de ajustes económicos, para eliminar el desequilibrio fiscal, será un fracaso. Además, se requiere de un plan de privatizaciones para devolver al sector privado las empresas expropiadas y quebradas; pero los dogmas ideológicos del gobierno le impiden ver la realidad y reconocer que el descalabro se debe a la copia del fracasado modelo cubano.

 

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