Carnet de la patria y discriminación

Fidel Castro convirtió a Cuba en un satélite de la Unión Soviética para poder sostener su revolución. El castrismo ha sido muy hábil para vivir de la ayuda económica de otros países. Primero fue el imperio bolchevique y ahora le corresponde el turno a Venezuela. Al contrario de lo ocurrido con los soviéticos, en nuestro caso, Cuba se convierte en dueño de la relación. Queda evidenciado que el castrismo, por alguna razón, arruina a quien le brinda ayuda económica.

Cuba fue un satélite de la Unión Soviética porque solo así podía garantizar la sobrevivencia de un modelo insostenible; en cambio, Venezuela se convirtió en un satélite cubano por decisión propia. Fidel Castro se lanzó en manos del imperio bolchevique, más que por razones ideológicas, por su deseo de venganza contra Estados Unidos por la imposición de la Enmienda Platt en la Constitución cubana de 1901, luego de la guerra contra España de 1898, tal como lo explica Edgard González en su libro Cuba under Castro, the limits o charisma. Esta enmienda le dio el derecho al vecino del norte de intervenir en los asuntos cubanos para “preservar” su independencia, pero convirtió a la isla en una cuasi colonia. Algo similar ocurre en nuestro país y por eso no debe extrañar cuando miembros del gobierno dicen a los cuatro vientos que la revolución bolivariana es su “venganza”.

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